09 junio 2013

Eterno Preciado



Varios fotógrafos y aficionados se apelotonan en torno a una gran estatua que muestra a un hombre, agradecido, con las manos entrelazadas y los brazos en alto. La efigie, atornillada al centro de la ciudad de Nottingham, en el corazón de Inglaterra, desde aquel jueves 7 de noviembre de 2008, reconoce al singular Brian Clough, aquel inolvidable, lenguaraz y fantástico entrenador que llevó hasta la cumbre a dos modestos equipos de la Premier: el Derby County (1967-1973) y el Nottingham Forest (1975-1993). No es la única. En Middlesbrough, su localidad natal, tiene otra. Y en Derby. Todas sufragadas con donaciones populares.
Manuel Preciado, que compartía algún trazo con Clough, tiene desde ayer la suya -financiada por el mismo cauce e iniciativa de la peña Portal Sportinguista- a los pies de El Molinón, en la avenida que lleva su nombre desde hace unos meses, un punto que se convertirá ahora en un santuario al que se acercarán miles y miles de personas cada año. El entorno del estadio del Sporting olerá más que nunca a épica, a emoción, a un respeto que roza la adoración por el recuerdo a un entrenador irrepetible. Y el acto, para el que la lluvia hizo una tregua, estuvo a la altura de ello.
Para añadir más espontaneidad al acto, la figura del técnico de Astillero, fallecido hace un año, fue descubierta por un golpe de viento ante las más de 600 personas que rodearon la inauguración y que, como le gustaba decir al cántabro, se dejaron las manos aplaudiendo. A partir de ahí, algo más de treinta minutos, dirigidos por el periodista Rafa Quirós, quien dejó en el aire una petición para que los futuros éxitos del Sporting se celebren ante Preciado, salpicados por muchos momentos de lágrimas, emociones enfrentadas, y el hilo musical de un gaitero interpretando 'La marcha de Antón el Neñu' y de Pipo Prendes, quien, tras un fallo de la técnica, improvisó y cantó a capela, lo que tuvo una mayor carga de sentimiento cuando las palmas de los presentes acompañaron su voz.
«Desde hoy mi padre estará un poco más cerca de vosotros». El llanto de Manu Preciado, quien no pudo terminar de leer la carta que había preparado -«me tiembla el pulso», reconocía antes de empezar-, las lágrimas de Arancha Arbolí; las de Ana Rebolledo, madre del técnico, quien se abrazó a la estatua de su hijo... Hubo muchos aficionados, presentes, que tuvieron que tragar saliva para contener la emoción del momento. «Es el míster, nuestro míster, con los tobillos castigados por mil patadas y el corazón cosido de cicatrices», señaló Roberto Canella en su intervención, mientras trataba de deshacer el nudo que se le había generado en la garganta.
Sobre los hombros de Preciado, a cuyos pies había 5.000 placas con los nombres de los donantes, ya colgaba una bufanda del Sporting al terminar el acto. La próxima temporada mucha gente pasará junto a su figura en día de partido. La tocará y le pedirá una victoria.

 Siempre en nuestros corazones.Gracias.