27 junio 2013

Bruce se despide de Gijón



“Me lo he pasado muy bien. El público es muy entusiasta”, así agradecía esta mañana Bruce springteen la fidelidad a una de sus seguidoras, Carlota Suárez, que pudo colarse en el hotel de Quintueles en el que se hospedaba. Poco después de las dos de la tarde el 'Jefe' salía del establecimiento y se paraba unos minutos a firmar autógrafos a sus fans. Los guardaespaldas le esperaban en la puerta desde media mañana, pero también una treintena de fans, ávidos por tener cerca a su ídolo. Tres de ellos hicieron noche en sus coches, delante del establecimiento, a sabiendas de que hasta la mañana sería imposible verle, pero su constancia mereció la pena. Uno de ellos, el fotógrafo santanderino Ramón Alonso pudo incluso acceder al hotel para regalarle al 'Boss' su libro, una publicación que recoge fotografías de los 27 conciertos a los que ha asistido, entradas o sus repertorios.
Springsteen regresó ayer a Asturias, en su tercera cita con Gijón, para hacer vibrar a un estadio repleto. Había magia, como dice ‘Thunder Road’, la canción con la que cerró el concierto en acústico, solo en el escenario, y que dedicó a Cáritas. Confesó que su mujer le había contado maravillas de la ciudad, donde estuvo este verano acompañando a su hija en el Hípico, y que le dijo que viniera a Gijón. También agradeció la carta que le dedicó “Carmen”, por la misiva que le envió la alcaldesa, Carmen Moriyón, invitándole a venir a Gijón.
Por delante hubo 213 minutos de rock, en un estadio que, aún de día, rugió cuando intuyó que Bruce Springsteen iba a asomarse al escenario en un concierto único en todos los sentidos: un aforo relativamente pequeño, una sola fecha en España y, lo que suele ser más indicativo de un repertorio para el recuerdo, un Springsteen relajado, descansado, con días más que suficientes por delante y por detrás del concierto para exprimir su estado de forma.
Pasaban dos minutos de las nueve y media cuando el ‘Boss’ irrumpió sobre el escenario.Antes, el público ya había ovacionado a su madre, acomodada con sus 90 años en la parte baja de la ‘Tribunona’, cerca del banquillo del Sporting. «¡Buenas noches, Gijón!» fue su saludo y ya, sin más, sin concesiones: ‘My Love Will Not Let you Down’, una habitual de sus últimos conciertos pese a que no ha llegado a incluirla nunca en un disco. ‘Out in the Street’, de ‘The River’, fue el segundo plato de una noche que siguió, potente, con la popular ‘Better Days’, la primera de muchas, muchísimas, a petición del público. ‘Ain’t Good Enough For You’, de ‘The Promise’, dio paso al también primer préstamo: ‘Travellin’ Band’, de la Creedence Clearwater Revival.
Solventó tras ella el trámite imprescindible de ‘Wrecking Ball’, la canción que da título al disco y la gira. Carne de directo, sirvió asimismo para descubrir a ese Bruce que, según había adelantado, ya está trabajando en algo nuevo, y que se ha propuesto sacarle todo el partido a su sección de vientos. Sonaron un puñado de canciones más y el ‘Boss’ siguió, in crescendo, con los guiños al público. Otro «¡Buenas noches Gijón», esta vez acompañado de un «¡ya estáis aquí otra vez!», todo en español, desató pasiones, tantas como su interpelación directa, ya en su idioma: «Tenemos una misión que cumplir esta noche, que no podemos conseguir por nosotros mismos. ¡Os necesitamos!». Y hasta una alusión directa a la crisis, leída de una nota a pie de escenario: «Corren malos tiempos en América, en España y en Gijón. Esta canción se la dedicamos a la esperanza en tiempos mejores. Y a los pobres. Y a Proyecto Hombre». Así arrancó ‘Jake of all Trades’. Y poco después llegaba la mismísima ‘The River’; para entonces no quedaba una garganta en El Molinón que no estuviese cantando con su ‘Jefe’.
El de ayer fue un concierto por y para el público, siempre lo son los de Springsteen, pero en ocasiones se entrega incluso más. Anoche sucedió. Lo demostró subiendo al escenario carteles y más carteles con peticiones del público. Y lo demostró con ‘Spirit in the Night’, una de las canciones estrella’; con ‘She’s the One’, y hasta con ‘Rosalita (Come Out Tonight)’, uno de esos temas de sus comienzos que toca muy poco en directo, entre otras cosas porque la historia de ‘Rosie’ y su noche se extiende más que muchas otras. Rocanrolero hasta la extenuación.
‘Waitin’ on a Sunny Day’ fue otro de los momentos estelares, y eso que prácticamente no la cantó, porque dejó que lo hiciera el público y un niño sacado de entre el público provisto con unos cascos naranjas. El mismo de entre el que sacó a otro pequeño para que le mojara con una esponja y a dos chicas, a una para bailar y a otra para ofrecerle una guitarra, emulando a Courteney Cox en el vídeo Dancing in the Dark. Y mientras, la emocionante ‘Drive all Night’ –otra vez de ‘The River’, una de sus grandes baladas– o ‘Badlands’ –la canción que le inspiró la película de Terrence Malick allá por el ‘Darkness on the Edge of Town’ de 1978– precedían al ‘Light of Day’ con el que cerró el cuerpo principal de un directo de 22 canciones encadenadas.